
La mañana que se jugaba la final Boca-Bayer Munich, me encontraba en las calles de Sant Feliú de Llobregat (Barcelona). Hacía ya un par de años que vivía allí, y como cualquier argentino futbolero quería ver aquella final. Debo reconocer que a mi de chiquito, como a cualquier niño del interior, nos inculcaron ser de un equipo de Buenos Aires y otro de Tucumán (Atlético), pasión que perdura más con los años.
Pero a la distancia, y teniendo en cuenta que Boca se hace fuerte en los eventos internacionales, y que además ya había dado cuenta del poderoso Real Madrid un año antes, se tornaba todo un emblema.
En Barcelona a esa altura ya hace frío, y esa mañana hacía mucho frío.
Por aquellos días en la ciudad Condal no había locutorios, si, es loco decirlo, pero en diciembre de 2001 no había locutorios en Barcelona. Y si a la final de la Intercontinental no la jugaba algún club español, no lo pasaban ni por el canal plus, una suerte de cablevisión.
Por supuesto que ya toda la semana previa había estado chequeando donde podría ver esa final, y nadie daba una respuesta afirmativa, ni la peña "La Bombonera" de la Barceloneta. Era increíble, iba a jugar Boca una final del mundo, y no iba a poder verlo, insólito. Desesperante.
En medio de tal situación, me llama al móvil (celular), un amigo muy bostero, Gonzalo, un porteño de Valentín Alsina, que vivía en Barna por esos días, el chabón llevaba tatuado a Comitas en el pecho, ¡a Comitas! Gonzalo también estaba angustiado y al borde de la locura me dice -¡¿Tucu, donde lo vemos?!
-No hay manera- Respondí.
-Que gallegos y la concha de su madre- Fue la reflexión inmediata de Gonzalo.
-Claro, estos gaitas del orto, como los vacunamos el año pasado...(haciendo referencia al triunfo ante el Real Madrid ya mencionado).
Se iba la mañana y a esa hora los equipos ya deberían estar en el centro del campo a punto de comenzar el encuentro. Y nosotros dos, en medio de una plaza, incrédulos, sin poder ver ¡Ni escuchar! la final intercontinental Boca-Bayer Munich.
En ese momento Gonzalo pegó un grito, ¡la tarjeta!¡la tarjeta!
Se refería a una tarjeta teléfonica, que por aquellos días empezaban a proliferar por la madre patria a precios irrisorios. Con un ejemplar de esos podías hablar a Argentina 200 minutos por 100 pesetitas.
Yo aún no las conocía, y con una mirada de nada le dije:
-¿ y para que carajo sirve eso?
-Tomá nota- Me dijo.
El flaco marcó a Buenos Aires y del otro lado parece que le contestaron.
-¿Mamá?¿Sos vos papá?¿Sergio sos vos? ¡Rápido, no preguntes pelotudeces, poné el tubo al lado del tele...¡PONÉ EL TUBO AL LADO DEL TELE TARADO!
Gonzalo después de esto me puso bruscamente el tubo en la mitad de mi oreja, apretando mi mejilla, y la otra mitad de su oreja hacía lo propio con el otro perfil del tubo.
Araujo nos entregó su relato junto a Macaya. Boca no solo no ganó, sino que a falta de cinco minutos para ir a la definición desde el punto del penal, el Bayer marcó el gol de la victoria, a lo que acompañó un mensaje en mi móvil enviado por un amigo sanjuanino (el Marquitos), que decía:
-jaja gol del Bayer, caguense bosteros putos-
Estuvimos unos 20 minutos con cara de bobos sin mirar a ninguna parte, el frío nos empujó a un bar que estaba en frente, entramos y pedimos algo...no me acuerdo que...
-¿Te llegaron los papeles de residencia ya?- Me preguntó Gonzalo.
-¡Que poronga me importan los papeles ahora.- Respondí como imaginandome la jugada del gol fatídico...
Esta página fue publicada en Batracio Amarillo (Granada), en formato de cuarto de página de un tabloide.
Es la experiencia de vivir tan lejos de los sentimientos futboleros.
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